¿Existe el instinto paternal?

Recientes investigaciones en el campo de la psicobiología han demostrado que los hombres también cuentan con un “instinto paternal”, similar al instinto maternal femenino. Y, curiosamente, la testosterona, la hormona de la masculinidad, tiene mucho que decir en su manifestación.

Pies de papá y de bebé

Desde siglos, por no decir “desde siempre”, se ha sostenido que el macho humano, como los de otras especies animales, se vería así impulsado a buscar pareja, practicar el sexo y competir con otros congéneres por mandato bioquímico. La testosterona ha sido una de las principales responsables de que el hombre se portara “como un hombre”.

No obstante, los avances científicos nos permiten saber que las cosas no son tan deterministas y que dentro de la etiqueta “comportarse como un hombre” también caben la ternura, la sensibilidad y el afecto paterno-filial.

La testosterona no es la única hormona que interviene en la paternidad responsable. Todo un abanico de sustancias colaboran para conseguir que el varón no sólo tenga deseos de aparearse, sino que también anhele hacerse cargo de la descendencia, cuidarla y mantenerla y que todo eso genere en él una cascada de emociones positivas tan naturales como las de la madre.

Síntomas de la paternidad

Un estudio publicado en 2001 por la revista Mayo Clinic Proceedings (1) demostró que los futuros padres presentan mayores niveles de estradiol (un tipo de estrógeno) y menos de testosterona que los hombres que no esperan hijos. Es más, los varones cuyas parejas están embarazadas experimentan cambios hormonales que se activan simultáneamente a los de la mujer gestante y que, en algunos casos extremos, llegan a producir síntomas físicos como náuseas y aumento de peso.

El estradiol es una sustancia que interviene en el comportamiento maternal de las mujeres, de los primates no humanos y de otros mamíferos. Hasta ahora, no se había detectado en ningún animal que los machos también respondieran a la paternidad con aumentos significativos de esta hormona. Curiosamente, el estradiol parece ser un elemento clave en la pre-paternidad (periodos de embarazo), ya que en el último mes antes del parto, sus niveles tienden a regresar al estado normal.

Es así como la naturaleza parece preparar al hombre para que sea un buen padre preocupado de su cría.

Para responder a esta pregunta, sería útil conocer cómo se comportan otras sustancias químicas del cuerpo del varón ante la inminencia de la paternidad. Los glucocorticoides, hormonas de la familia del cortisol, descienden considerablemente cuando el hombre sabe que va a ser padre.

Se ha demostrado que las personas que viven en pareja estable y disfrutan de mayor refuerzo social o familiar presentan menores niveles de esta sustancia que las que viven solas o en parejas inestables. En el último mes de embarazo de la mujer, se aprecia un incremento en la cantidad de glucocorticoides de su compañero, quizás como respuesta al aumento del estrés y la aprehensión propios de esos momentos tan trascendentes para su vida.

Además de estos cambios, el cuerpo del varón que va a ser padre experimenta otras transformaciones relacionadas con el estado de su pareja. Por ejemplo, un estudio de la doctora Anne Storey, de la Universidad de Newfoundland en Canadá (2), ha demostrado que los pre- papás sufren un aumento de las cantidades detectables de prolactina, hormona involucrada en el desarrollo de la capacidad de amamantar en las mujeres y en las hembras de muchos mamíferos.

La Dra. Storey especula que el estado de gestación de la mujer podría generar ciertas señales que indican al cuerpo del varón que ha de prepararse para tener una criatura en casa. Por ejemplo, la testosterona desciende para favorecer un comportamiento más estable, menos agresivo y menos sexual en el varón, mientras los cortisoles y las prolactinas preparan el terreno hacia un temperamento más tierno y solícito.

Como se ve, el “instinto paternal” existe y las hormonas se encargan de que fluya.

Revisión:
Lucía Vásquez N. Piscóloga Educacional, Psicopedagoga, Licenciada en Desarrollo Cognitivo. Arca Comunicaciones.

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